Cómo el ahorro energético acelera la descarbonización

Fernando Baquero

Día Mundial del Ahorro de Energía

Cada 21 de octubre, el Día Mundial del Ahorro de Energía recuerda que la energía que no se desperdicia también cuenta. En un momento en el que la demanda eléctrica crece y la transición energética obliga a transformar la forma en que se produce y se consume, mejorar la eficiencia se ha convertido en una pieza clave para reducir emisiones, controlar costes y hacer más resistente el sistema energético

Cuando se habla de transición energética, es habitual pensar en paneles solares, parques eólicos, vehículos eléctricos o nuevas formas de producir electricidad. Son elementos fundamentales, pero también lo es utilizar mejor la energía que se genera.
La eficiencia energética permite reducir las emisiones asociadas al consumo, contener los costes, disminuir la dependencia energética de determinados combustibles y evitar que el aumento de la demanda obligue a generar y transportar cada vez más energía.

El reto será especialmente relevante en los próximos años. La electricidad gana peso en ámbitos como la movilidad, la climatización, la industria o los servicios digitales. La Agencia Internacional de la Energía estima que la demanda eléctrica mundial aumentará alrededor de un 40% hasta 2035 en sus escenarios de políticas actuales, impulsada, entre otros factores, por la electrificación y por una mayor necesidad de refrigeración.

La eficiencia es la otra cara de la transición

Este crecimiento no significa que haya que consumir menos electricidad, sino evitar el consumo que no aporta valor y conseguir que cada unidad de energía tenga el mayor rendimiento posible. La transición energética abarca dos tareas que deben avanzar juntas: sustituir las fuentes más contaminantes por alternativas con menos emisiones y mejorar la forma en que la energía se genera, distribuye y utiliza.

Las energías renovables permiten producir electricidad con menores emisiones, pero también es necesario adaptar instalaciones, modernizar equipos, gestionar mejor la demanda y aprovechar recursos que podrían terminar desperdiciándose. Esto resulta especialmente importante ante el aumento de las temperaturas y de las necesidades de refrigeración, que pueden elevar el consumo cuando el sistema eléctrico soporta una mayor presión.

La eficiencia energética actúa así en varios frentes: ayuda a reducir emisiones, contener costes y mejorar la seguridad energética.

Cada necesidad exige una solución diferente

No existe una única manera de mejorar la eficiencia. Las necesidades de una industria no son las mismas que las de un hospital, una vivienda o una ciudad. Las soluciones pueden combinar la producción renovable en el propio emplazamiento, el aprovechamiento de recursos desaprovechados, la sustitución de tecnologías o el uso de herramientas digitales.


En España, Veolia trabaja combinando energías renovables, eficiencia, electrificación y digitalización según las necesidades de cada instalación y territorio. Actualmente gestiona en España 12.505 instalaciones que producen 1.671 GWh de energía eléctrica y térmica y permiten evitar unas 119.000 toneladas de CO₂ equivalente.

Aprovechar la energía que ya está ahí

Una de las formas de mejorar la eficiencia consiste en identificar los recursos energéticos disponibles que no se están aprovechando suficientemente. La biomasa es un ejemplo. Materia orgánica como restos vegetales o forestales puede convertirse en energía en lugar de considerarse únicamente un residuo.


Veolia utiliza en España más de 250.000 toneladas de biomasa al año, procedente principalmente de restos vegetales y forestales y con certificación SURE. Este aprovechamiento contribuye a generar energía renovable, favorece una gestión más circular de los recursos y reduce el combustible disponible en determinadas zonas.


Algo parecido sucede con la energía geotérmica, que utiliza el calor del subsuelo para proporcionar calefacción, refrigeración o agua caliente. Es una fuente disponible durante todo el año y, en determinadas instalaciones, permite reducir el uso de sistemas convencionales. En España, Veolia cuenta en 2025 con más de un centenar de clientes que utilizan soluciones geotérmicas. Según los datos de la compañía, estas instalaciones evitan más de 800 toneladas de CO₂ al año, una reducción equivalente a la absorción anual de unos 42.000 árboles.

800 toneladas de CO₂ al año, una reducción equivalente a la absorción anual de unos 42.000 árboles.

Cuando el calor y el frío se comparten

Otra posibilidad es compartir la energía a través de una red en lugar de producirla de forma aislada para cada edificio.
Las redes de calor y frío distribuyen agua caliente o fría para climatización y otros usos. Centralizar la producción facilita incorporar fuentes renovables y recuperar calor o frío que, de otro modo, se perdería. En España, las redes gestionadas por Veolia superan los 600 edificios conectados, con unos 80 kilómetros de red, 200 MW de capacidad de calor y 100 MW de frío.


Un ejemplo destacado se encuentra en Cataluña: Ecoenergies Barcelona suministra energía térmica a edificios residenciales, instalaciones industriales y otros equipamientos de Barcelona y L’Hospitalet de Llobregat. Esta iniciativa, llevada a cabo junto al Ayuntamiento de Barcelona a través de BSM, aprovecha el frío residual generado en la terminal de Enagás del puerto de Barcelona y el calor procedente de biomasa generada a partir de restos de poda de parques y jardines urbanos para distribuir climatización, calefacción, refrigeración industrial y agua caliente sanitaria.


El planteamiento resume una de las ideas centrales de la transición energética: antes de buscar una fuente nueva, preguntarse si existe energía disponible que actualmente se está perdiendo.

Miniature industrial complex with glowing lights

Generar más cerca para consumir mejor

Acercar la producción al lugar donde se consume es otra de las grandes vías de mejora. La energía solar fotovoltaica desempeña aquí un papel especialmente relevante.


Instalar paneles permite producir electricidad en el propio edificio, industria o instalación. Cuando se consume directamente se habla de autoconsumo; si además se incorpora almacenamiento, parte de la energía generada puede reservarse para utilizarla más adelante. Esta combinación puede ayudar a reducir la dependencia de la red y a aprovechar mejor la producción renovable.


Veolia cuenta en España con 256 instalaciones fotovoltaicas en operación y mantenimiento, que suman 345 MWp de potencia instalada. La clave no es solo producir energía renovable, sino aprovecharla de la mejor manera posible.

Electrificar también significa hacerlo mejor

La electrificación consiste en sustituir tecnologías que funcionan directamente con combustibles fósiles por soluciones eléctricas, siempre que exista una alternativa adecuada. El cambio puede producirse en sistemas de climatización, procesos industriales o equipos térmicos.


Veolia lleva más de 30 años desarrollando proyectos de gestión energética y eléctrica, desde la optimización de redes de distribución hasta la integración de energías renovables y la sustitución de sistemas térmicos por tecnologías eléctricas más eficientes.


La electrificación adquiere todavía más sentido cuando la electricidad procede progresivamente de fuentes renovables, ya que el cambio de tecnología y el de fuente energética se refuerzan mutuamente.

Los datos también ayudan a ahorrar

Una instalación puede disponer de equipos modernos y aun así consumir más energía de la necesaria: una máquina puede funcionar fuera de horario, un sistema de climatización trabajar por encima de lo necesario o un consumo anómalo pasar desapercibido durante semanas.


La digitalización permite detectar estas situaciones. Herramientas como Hubgrade recopilan información sobre el funcionamiento de las instalaciones y supervisan en tiempo real variables relacionadas con el consumo de agua y energía.


Estos datos permiten mejorar el aprovechamiento de las energías renovables y anticipar posibles averías mediante mantenimiento predictivo. También ayudan a gestionar la flexibilidad de la demanda, adaptando determinados consumos a los momentos en los que resulte más conveniente utilizar la energía.


La inteligencia artificial puede ampliar estas posibilidades al analizar grandes cantidades de información y detectar patrones difíciles de identificar manualmente.


Cuando la eficiencia se pone a prueba

La mejor manera de entender esta combinación de soluciones es observar qué ocurre en instalaciones reales.

Un ejemplo es el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba. En un centro sanitario, la climatización, el agua caliente, la iluminación y determinados equipos deben mantenerse de forma continua y en condiciones muy exigentes.

En este caso, Veolia desarrolló una nueva planta térmica y una instalación fotovoltaica de 11.500 metros cuadrados. El resultado permite cubrir con energía renovable el 17% del consumo eléctrico del hospital y conseguir un ahorro energético de unos 81.000 kWh al año.

Según los datos aportados por la compañía, el proyecto permite evitar 41.421 toneladas de CO₂. Además, la incorporación de Hubgrade permite supervisar el funcionamiento de las instalaciones en tiempo real y optimizar su operación.
El ejemplo muestra que la eficiencia no consiste necesariamente en apagar equipos o reducir servicios, sino en conseguir que sistemas que deben funcionar prácticamente de forma continua lo hagan de la manera más eficiente posible.

Una transición hecha de muchas piezas

La descarbonización del sistema energético no depende de una única tecnología. La biomasa puede aprovechar residuos forestales, la geotermia puede adaptarse a determinados edificios, una red térmica puede recuperar energía que antes se perdía y una herramienta digital puede descubrir consumos innecesarios. Todas estas soluciones responden a una misma pregunta: cómo conseguir los servicios necesarios utilizando menos recursos y generando menos emisiones.


La importancia de la eficiencia aumentará a medida que crezca la demanda eléctrica. Cuanto mayor sea la cantidad de energía requerida, más necesario será evitar pérdidas, optimizar instalaciones y utilizar cada unidad de la forma más útil posible.


Por eso, el ahorro energético no debería entenderse únicamente como una cuestión de hábitos individuales. También depende de cómo se diseñan edificios, industrias, hospitales y ciudades, de las tecnologías utilizadas y de la gestión de los recursos disponibles.
La transición energética no consiste solo en producir más energía limpia, sino también en necesitar menos para conseguir lo mismo, aprovechar la que de otro modo se perdería y utilizar de forma inteligente la que ya se genera. La eficiencia energética es una de las grandes vías para avanzar hacia un modelo más limpio, competitivo y resiliente.

Cómo el ahorro energético acelera la descarbonización

Texto: Fernando Baquero

Diseño y Montaje: Luis Miguel Añón

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